En Aquamarine Fukushima, lo que más me sorprendió de esta visita fueron las nuevas salas y espacios de exposición, luminosos y con un ambiente moderno. Desde la gran variedad de criaturas marinas hasta el abundante contenido de las exposiciones, todo permite conocer más a fondo el ecosistema marino de Fukushima.
El acuario se vio gravemente afectado por el Gran Terremoto del Este de Japón y el tsunami, pero ahora, tras su restauración y reapertura, vuelve a recibir un flujo constante de visitantes, y en su interior se escuchan animadas risas.
Al contemplar esta escena nuevamente llena de vida, se perciben aún más la resiliencia y la esperanza que han acompañado a esta ciudad a lo largo de su camino. No solo permite conocer el océano, sino que también es una experiencia de viaje muy significativa. Si surge la oportunidad de visitar Fukushima, vale la pena reservar un tiempo para recorrerlo y disfrutar con familiares y amigos del encanto del mar de Fukushima.









