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    ¡La exploración de las cuevas de Akiyoshido es una actividad imprescindible para los viajeros amantes de la aventura!
    Era nuestra primera vez y, en lugar de seguir la ruta básica, nos adentramos bajo tierra. Mi parte favorita fue cuando el guía nos pidió apagar todas las linternas frontales para sentir la oscuridad absoluta y el silencio de la cueva. Solo se oía el lento fluir del agua, lo que nos hizo sentir en calma. Durante el recorrido también nos enseñaron a observar las rocas y las estalactitas. ¡Nunca habría imaginado que el material utilizado para el Gran Buda de bronce de Tōdai-ji también procedía de aquí! Toda la actividad duró unas dos horas. Aunque fue muy agotadora y terminamos empapados en sudor, ver al final un lago subterráneo de un bellísimo color azul verdoso fue realmente la mejor recompensa y sorpresa. ¡¡¡Muy recomendable!!!

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