¡Lo que más esperaba de Nara era el Parque de Nara! Nada más entrar al parque vi muchísimos ciervos paseando por todas partes. Algunos comían hierba tranquilamente y otros se acercaban directamente a los visitantes para pedir galletas para ciervos, sin miedo alguno a la gente.
Darles de comer de cerca por primera vez fue emocionante y a la vez daba nervios. En cuanto sostuve las galletas, me rodearon enseguida. También se veía a los ciervos inclinar la cabeza una y otra vez, como si dijeran: «¡Dame otra!»







