Unzen Jigoku es la principal atracción de la zona termal de Unzen. El paisaje, con densas columnas de vapor blanco que brotan entre el olor a azufre, parece un auténtico infierno.
A lo largo de un sendero que puede recorrerse en unos 30 minutos, es posible visitar más de 30 zonas geotérmicas conocidas como jigoku («infiernos»). Cada una tiene su propio nombre, como Daikyokan Jigoku, Oito Jigoku y Seishichi Jigoku, y conserva historias sobre su origen y diversas leyendas. Daikyokan Jigoku, donde las fumarolas son más intensas, cuenta con un mirador desde el que se puede observar de cerca este fenómeno.
Cerca de Oito Jigoku se encuentra Unzen Jigoku Chaya, un establecimiento que incluye Unzen Jigoku Ashimushi, donde se puede sentir el calor geotérmico y el vapor al apoyar los pies, y Unzen Jigoku Kobo, donde se sirven huevos cocidos al vapor en el jigoku (2 unidades por 200 yenes). Es un lugar ideal para hacer una pausa.
Además, durante el período Edo se practicaron aquí crueles torturas para obligar a los cristianos a renunciar a su fe. En memoria de los mártires se erigió un monumento conmemorativo.
En una cercana plaza adoquinada se encuentra un monumento conmemorativo del 50.º aniversario de la designación de Unzen como parque nacional, que se ha convertido en un punto popular para tomar fotografías.
Lo más destacado
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Se puede observar un «volcán de lodo», una montaña cónica formada por la elevación del terreno debido a las fumarolas subterráneas.
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La temperatura máxima del vapor alcanza los 120 °C. El agua termal es sulfurosa y ácida, con sulfatos.
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Alrededor de las fumarolas se observan depósitos minerales de aguas termales de color blanco o amarillo pálido.
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El suelo del antiguo Hachiman Jigoku, donde la actividad geotérmica es escasa, está ligeramente tibio al tocarlo.
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Desde el mirador situado a mitad del sendero se contempla toda la zona termal de los jigoku.